Cusco y el Valle Sagrado de los Incas (Perú)

Cuanto más se viaja por aquí más valoras el hecho de poder hablar el mismo idioma que los lugareños. La gente te cuenta como vive o piensa, aparte de las típicas preguntas del día a día (de que parte de España vienes, si del Madrid o el Barça , soltero o casado, etc.) aunque de las mejores cosas es, sin duda, el poder regatear por absolutamente TODO.
Cusco-centro histórico
El centro histórico animado por Navidad
Pachacútec dominando su ciudad
Pachacútec dominando su ciudad

Y es que no tienes otra opción sino quieres pasar por primo a casi cada instante. Definitivamente en el Perú me doctoré en eso, lo cual no impide que te puedas llevar algún disgusto ya que viajar es disfutar y no estar siempre tenso ante esto o lo otro que te pueda suceder. Tras andurrear un buen rato desde bien temprano y empezar a saborear la ciudad teniendo como pretexto la búsqueda de alojamiento, a las cuatro horas de llegar al Cusco me instalé en un hostal ubicado en el pintoresco barrio de San Blas y empecé a desempaquetar las cosas de la mochila cuando me di cuenta de que la cámara no estaba en su sitio.

Panorámica de Cusco
Panorámica de Cusco

No la usé aquella mañana por lo que debió “desaparecer” en las terminales de Arequipa o Cusco, y eso que viajé con la mejor y más segura compañía del país, Cruz del Sur. En fin, la reclamación de nada sirvió y en vez de lamentarme decidí buscar soluciones y éstas me las dió Nica, quien me prestó su cámara para fundirla a base de retratar piedras y montes. Nica es cordobés argentino y lo conocí en el primer hostel del Cusco donde me alojé.

Plaza de Armas. Cusco
Plaza de Armas con la catedral y la iglesia de la Compañía de Jesús

Al final pasamos los mejores y más intensos días de mi viaje por el Cusco y las maravillas de alrededor. Muchas gracias compadre y buen viaje!!

Plaza de Armas.Cusco
Plaza de Armas
Antigua muralla. Cusco
Calle Loreto
Me sigue sorprendiendo cómo es mucha la gente que viaja sola, pero más aún cómo muchas son chicas jóvenes procedentes de todo el mundo, algunas sin saber apenas español. Lo mejor de viajar solo es que, aparte de ir a tu aire y hacer siempre lo que te da la gana, sueles coincidir y conectar con gente que va de tu onda, y eso justamente es lo que me pasó en el Cusco.
Iglesia de la Merced. Cusco
Iglesia de la Merced
Una calle del barrio de S. Blas
Una calle del barrio de S. Blas

Esta ciudad, es la CIUDAD del Perú y probablemente de toda Sudamérica. Es la urbe habitada más antigua del continente americano y su fundación, como la de todas las aglomeraciones humanas cargadas de historia, se envuelve en los velos de la leyenda.

Pisac.Valle Sagrado. Cusco
Pisac
Pisac. Cusco
Vendiendo cachorros a 5 soles en Pisac

En este caso se cree que el dios del sol, Inti, señaló al primer Inca (pues éste era el nombre del gobernante y por extensión el de su pueblo), Manco Cápac, y a su hermana y consorte, Mama Ocllo, que se estableciesen con su gente en Cusco, tras haber peregrinado desde el sur.

Pisac. Cusco
Pisac

A partir del siglo XIII se convirtió en la capital del reino de los incas, el cual derivó en auténtico imperio a partir del siglo XV de la mano de Pachacútec, un gobernante legendario al que se le atribuye, entre otras muchas acciones, la delineación de Cusco en forma de Puma y el haberla convertido en capital del Tahuantinsuyu, o cuatro regiones que componían el superestado andino que erigió este pueblo quechua desde Chile hasta Colombia.

Pisac
Pisac y el Valle Sagrado
Turística hasta lo inimaginable, cosmopolita y monumental como ninguna otra, Cusco asume primorosamente su doble condición incaica y colonial. Si en Cajamarca o Arequipa no me sentí extraño por momentos, aquí esa sensación me acompañó desde el principio, desde que puse el pie en la Plaza de Armas por primera vez. De nuevo volví a respirar el Albaycín granaíno, aunque con las sensaciones exóticas y nativas que producen las diferentes tipologías de piedras incaicas sobre las cuáles se construyeron iglesias, conventos y palacios.
Ollantaytambo. Cusco
Vista de Ollantaytambo

Esa herencia dual es la principal riqueza de este país y el porqué es considerado uno de los grandes destinos turísticos mundiales. La no aceptación de este hecho, y la consecuente negación de una parte de su Historia por algunos, es un colosal error que socava los fundamentos de la identidad cultural peruana.

Ollantaytambo
Terrazas en Ollantaytambo
Casi una semana estuve por Cusco y algún día más me habría quedado explorando los alrededores, sobre todo el Valle Sagrado, en el que solo estuvimos un día que, sin embargo, me supo a lo mejor desde que llegué a Iberomérica hace casi cinco meses. Buena gente en la excursión, un guía orondo, dicharachero y fantasioso, y unos sitios increíbles para lo cuales no estás preparado.
Ollantaytambo
Ollantaytambo

Ese fue el día también en que me tocó cantar a capella en el bus, y sabiendo como aún arrasa por aquí, me arranqué con Camilo Sesto; creo que acerté de lleno, al igual que mi compadre argentino con Nino Bravo. La música que se oye por Perú también merecería algún comentario aparte, pues junto a los ya mencionados, Hombres G, Loquillo, Raphael o José Luis Perales siguen en la brecha.

Ollantaytambo
Ollantaytambo
Pisac, Ollantaytambo, Chinchero y Maras merecen mucho más que un día, pero al menos el tiempo de visita estuvo más que aprovechado. No hay viajero ni criatura viviente que haya visitado estos sitios que no se sienta fascinado por alguno de ellos, o por todos. Pisac es sencillamente irreal y Ollantaytambo es un privilegio, pues esa es la sensación que se tiene al sentir como pudo ser una población incaica de hace 600 años. Allí me habría quedado toda la tarde pues pensaba que ya nada podría superar lo que había visto, aunque al final seguí con el grupo y argentinos, peruanos, suecos y gringos fuímos testigos de algo fantástico que se llama Chinchero.
Ollantaytambo. Cusco
Piedra, monte y cielo en Ollantaytambo

Esa herencia cultural dual de la que hablaba antes alcanza aquí su cénit en forma de magnífica iglesia de finales del siglo XVI con ríquisimo retablo, virgen criolla y armadura mudéjar que se alza en la cúspide de un cerro plagado de muros, terrazas y explanadas incaicas. Un lugar que exhala espiritualidad y pureza donde el cielo se siente muy, muy cerca. Chinchero es fiel reflejo de la cosmovisión de un pueblo que adoraba a los astros y era maestro en las técnicas para cultivar la tierra.

Grupo-Ollantaytambo
El grupo explorador del Valle Sagrado

Precisamente Maras representa esta cualidad, ya que se piensa que era un centro de experimentación agrícola donde se comprobaba la adaptación de las especies a diferentes alturas y condiciones climáticas antes de trasladarlas a las distintas zonas del Tahuantinsuyu. Yo no llegué a visitarlo, aunque un pequeño demonio encapuchado ibicenco llamado Leo se coló plácidamente y me propuso hacer lo mismo. Finalmente una intensa noche de farra cusqueña nos lo impidió.

Chinchero. Cusco
Iglesia de Chinchero
También tratamos de colarnos por dos veces en Sacsayhuamán, la imponente fortaleza de megalitos pétreos que domina el Cusco y conforma la cabeza del puma. Casi lo conseguimos y hubiera sido una feliz venganza y una buena forma de protesta ante la mala planificación de los bonos turísticos que se venden para las visitas a Cusco y el Valle Sagrado.
Chinchero
Chinchero

El caso es que puedes comprar un bono general que permite el acceso a los yacimientos incas del Cusco (City tour) y el Valle Sagrado, o bien puedes optar por comprar un bono separado para cada uno de estos grupos de yacimientos. Si optas por el Valle Sagrado debes hacer la visita en solo dos días, durante los que pasas de puntillas por Pisac, Ollantaytambo, Chinchero y Maras.

Chinchero.  Cusco
Chinchero

La cosa está pensada para que compres el bono general y te quedes en Cusco todo el tiempo que sea posible dejándote la plata. Si optas por el bono parcial lo mejor es que visites esos cuatro sitios,  ya que no puedes canjear uno de ellos por otro del city tour. A nosotros se nos quedó Maras y tratamos de conjugarlo por Sacsayhuamán, aunque al final no tuvimos suerte, a pesar de conseguir la complicidad de un señor peruano que había trabajado muchos años para su gobierno como diplomático y que tampoco entendía la poca flexibilidad de los paquetes y el deficiente trato que se ofrecía a los turistas en su país. 

Maras. Cusco
Maras, el centro de experimentación agrícola incaico

A cambio nos tocó consolarnos con una cerveza en la terraza con las mejores vistas de todo el Cusco. Mi consejo es que las excursiones las contratéis en la misma Plaza Mayor, no tengáis temor ante la incertidumbre, pues aquello es como un bazar persa en el que con un poco de paciencia el viajero no sale mal parado.

Sacsayhuamán. Cusco
Sacsayhuamán, la cabeza del puma cusqueño

Aunque es caro en relación al resto del Perú, el Cusco tiene ofertas para todo y todos, de noche y de día. No dejéis de visitar el mercado y abrigaros muy bien al caer el sol, a no ser que paséis por las calles Procuradores, Tigre, Plateros y pronunciéis las palabras mágicas: Pisco Sour!!

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Manu en el mirador de la Cruz del Cóndor (Perú)

Arequipa (Perú)

No pensaba visitar Arequipa en un principio, pero la recomendación de la guía de viaje que llevaba (Lonely Planet) me hizo cambiar de opinión. No hay que fiarse en exceso de los contenidos de las guías, máxime cuando los mismos no están actualizados y se remiten a algunos años atrás. Ya en Huanchaco me ví preguntando por un hostal inexistente, ante lo cuál se te queda una cara de pimpinela que ni te cuento.

Catedral de Arequipa. Perú
Catedral de Arequipa

Los viajeros que me encontraba acabaron de decidirme, ya que se mostraban entusiasmados tras haber visitado la orgullosa capital sureña, segunda ciudad del país. Llegué desde Lima tras 15 horas en un bus que tenía más comodidades que un avión (asiento reclinable de cuero, servicio de cena y desayuno, tableta con películas, música y conexión a internet, etc.) perteneciente a la mejor compañía del Perú, “Cruz del Sur”, la cuál iba a ser protagonista también de los mayores disgustos que me llevé en el Perú. Durante el viaje encontré el desierto más crudo que se pueda imaginar a la altura de Ica; ocredad, ramblas yermas y ningún atisbo de vegetación, un escenario idóneo para imaginar a Han Solo tratando de salvar a Lando Calrissian de las fauces de Sarlacc.

C/ Mercaderes. Arequipa
Calle Mercaderes, pulmón comercial de Arequipa

Poco a poco lo extraordinario se va convirtiendo en norma habitual, y así estar en el altiplano a 5.000m de altura o encontrarte entre volcanes activos forma parte de la cotidianeidad del viaje por este país. Sin embargo no debemos llevarnos a engaño, pues la agradable sorpresa, lo inesperado, sea bajo la forma que sea, siempre te aguarda en la siguiente etapa del peregrinaje peruano.

La criolla Arequipa fue fundada en 1540 y es la más aristocrática de las ciudades peruanas, lo cuál se refleja en su urbanismo, su arquitectura y sus gentes. Ese carácter altivo y conservador lo personifica perfectamente su hijo más ilustre, el escritor Mario Vargas Llosa.

Sta. Catalina. Arequipa
Patio en el Monasterio de Sta. Catalina

Y en realidad tiene de que presumir, pues su ciudad también es la más culta del país. Sirvan como muestra un par de ejemplos: los guías aquí hablan inglés perfectamente y existen librerías “de verdad”, especializadas en distintas temáticas.

Patio en Sta. Catalina. Arequipa
Otro de los coloridos patios del Monasterio de Sta. Catalina

Es conocida como “la ciudad blanca“, por encontrarse sus edificios históricos construídos con piedra sillar volcánica de color blanquecino. Tradicional e históricamente esta manera de edificar se ha tenido por la más noble desde los tiempos más antiguos, y en Arequipa surgió como respuesta estructural ante los habituales seísmos que azotaron la ciudad desde el siglo XVI. Si bien en el conjunto histórico, declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco, es claramente apreciable el estilo barroco en sus iglesias y palacetes, la arquitectura destaca sobre todo por la pureza y homogeneidad de sus cánones neoclásicos, representados en su catedral. Me sorprendió gratamente encontrar una ciudad así en Perú, tan elegante y racional en su propuesta estética.

Los valles que preceden al Cañón del Colca
Los valles que preceden al Cañón del Colca

¿Que hacer y que ver en Arequipa? Se puede ascender a cualquiera de los impresionantes nevados que se vislumbran desde la ciudad, como el Misti, se puede y se debe pasear por su centro histórico, pero sobre todo es obligado visitar el Monasterio de Santa Catalina, una ciudadela fortificada de monjas de clausura donde el tiempo se detuvo hace tres siglos. Otra visita interesante, es el Cañón del Colca, una espectacular falla geológica que en algunos puntos desciende abruptamente más de 3.000m.

vicuñas en Chivay (Perú)
Vicuñas en Pampa Cañahuas. Al contrario que las llamas y alpacas, éstos camélidos americanos viven en libertad

De lo mejor que recuerdo ese día es la parada en la reserva de Pampa Cañahuas, Chivay, y el poder disfrutar de las vistas desoladas de los Andes con las vicuñas huyendo ante nuestra presencia, o de la gente que coincidimos en la excursión: Galdino, Giuliana, Sofía y la chica alemana fumadora. Otra experiencia única en Arequipa, ésta gastronómica, fue el probar el “rocoto relleno“, una especie de pimiento rojo picante embutido de carne aliñada y acompañado de pastel de papa laminada…para no perdérselo, vamos!

Mirador de S. Cristóbal (Lima, Perú)

Lima (Perú)

De camino a Lima lamenté que la cámara estuviese en el maletero del bus ya que perdí las mejores vistas posibles de la Cordillera Blanca, así como de la pintoresca ruta por la Panamericana junto al Océano Pacífico a través de una duna de no sé cuantos cientos de metros. La carretera serpentea por aquí, hacia la mitad de la duna, y a dos metros de tí puedes ver la caída tremenda hasta la misma orilla de la mar. No hay quitamiedos y los carriles son estrechos, encontrándose a veces invadidos por la arena. Otra de las sorpresas del viaje la encontré precisamente en el Pacífico, en forma de islas, las islas de Lima, frente al Callao.

Plaza de Armas-Lima
Domingo en la Plaza de Armas

La “Ciudad de los Reyes“, pues así se la bautizó,  fue fundada el 18 de enero de 1535 por Francisco Pizarro en el desierto costero junto al valle del río Rímac, región conocida por los indígenas como “Limaq”, nombre que adquirió finalmente. Fue la capital del Virreinato del Perú  y la más importante ciudad de Sudamérica hasta 1821, cuando pasó a convertirse en capital de la nueva república soberana e independiente. La verdad es que no me hacía mucha gracia pasarme por allí ya que las grandes ciudades superpobladas suelen agobiarme, pero era la única combinación posible para enfilarme hacia el sur del país. “Geometría y angustia”, así definió Federico García Lorca a Nueva York hace casi 100 años, aunque en realidad a mi Lima no me angustió en absoluto y su geometría, en especial la del centro histórico, me resultó de lo más agradable y cordial.

Casa colonial en Lima
Casona colonial

Cuando he comentado algo sobre alguna ciudad peruana en realidad me refería a su centro histórico, cuyo epicentro siempre es la plaza de armas o mayor. En torno a la misma se articulan las cuadras, junto a las calles rectilíneas, como si de un tablero de ajedrez se tratase. Muchas son ciudades de nueva planta trazadas a cordel y estaca hace casi 500 años. Pero si te sales de estos centros históricos encuentras una y otra vez las mismas realidades, las mismas escenas no muy agradables, escenas que no suelen aparecer en las guías de viajes: calles sin asfaltar, perros vagabundos, basuras en las aceras, viviendas de ladrillo visto con plantas superiores inacabadas, puestecillos de comida, etc. En cualquier ciudad lo ves durante unos minutos cuando sales o entras en bus. En Lima este paisaje es habitual durante casi un par de horas cuando llegas desde el norte. La inmigración desde el campo provocó un crecimiento urbano desmesurado y caótico en la segunda mitad del siglo XX, un fenómeno demográfico causante de grandes desigualdades sociales que se tradujo en unas condiciones de vida más que precarias para miles de personas. En el área metropolitana de la capital del Perú viven más de 8 millones de criaturas, aproximádamente el 30% de la población total del país.

Los Húsares de Hunín en el cambio de la guardia
Jinetes durante el cambio de la guardia

Durante el viaje conocí al señor Jaime, profesor en el Callao, quien al llegar a la terminal de buses me acompañó durante un rato hasta que tomé uno de los nuevos buses urbanos azules hasta la plaza Kennedy. Conversamos un gran rato sobre muchos temas, pues ambos éramos de espíritu curioso y queríamos saber cosas del sitio de procedencia del otro: yo le preguntaba que ver y hacer en Lima un fin de semana o que opinión le merecía el presidente Humala; él, a cambio, me inquiría sobre el significado de “gilipollas” en España o si Galicia contaba con costa. Al final me trasladé a pasar la noche al distrito más elegante, animado y europeo de la “ciudad de los reyes”, Miraflores. Era sábado y fue una buena decisión, a pesar de la clavada que me metieron en el hotel (120 solecitos), ya que pude observar la vida nocturna de la ciudad bien de cerca.

Parque de la Muralla (Lima)
Parque de la Muralla con el Cerro de S. Cristóbal al fondo

El domingo tocó paseo por el centro histórico, asistencia al cambio de la guardia, comida en el restaurante “La Muralla” y gracioso encuentro con un pícaro aspirante a guía turístico que sólo pensaba en hacerse amigo de las turistas “gringuitas”…me regaló un billete antiguo de 1.000 soles para tratar de ganarse mi confianza, aunque finalmente cada uno pagamos nuestra cerveza y él se mostró encantado de que le tomara una foto con las chicas suecas que comían en la mesa de al lado. Por la tarde tomé un microbús que me llevó hasta el Cerro de S. Cristóbal, magnífico mirador que te ofrece una panorámica sobrecogedora de lo que es una megaurbe latinoamericana. Ya a la vuelta comprobé como el fútbol es, aparte de jóvenes endiosados que coleccionan deportivos, un idioma universal capaz de unir a gente muy diversa. Sucedió junto al Parque de la Muralla en unos pequeños anfiteatros donde se daban cita los mejores cómicos del país.

Panorámica de Lima desde el cerro de S. Cristóbal
Panorámica de Lima desde el cerro de S. Cristóbal

Conocí a un trabajador del palacio presidencial el cuál me preguntó por mi origen, y cuando supo que era de Almería rapidamente me repasó las últimas campañas de la Liga española y me citó a Santi Acasiete, capitán de la selección peruana y de la U.D. Almería hace unos pocos años. El “Santi” era defensa central y si bien no era Fernando Hierro jugando la pelota desde atrás, cumplía perfectamente con lo que se le debe exigir a un buen defensa: contundente y expeditivo ante el rival. Cuando arrollaba al delantero y el árbitro le señalaba la falta solía dirigirse a él diciéndole que había tocado balón, lo cuál casi nunca era verdad.

Laguna Chinancocha. Perú

Huaraz (Perú)

De la playa a la sierra en un día, del sol estival de Huanchaco al invierno lluvioso de Huaraz, capital del Departamento de Áncash y de los deportes andinos al pie de la Cordillera Blanca. Esta majestuosa formación geológica de nieves perpetuas, parte de los Andes, se engloba enteramente en el Parque Nacional Huascarán, el cuál recibe su nombre del pico más alto del Perú (6.768 m.s.n.m).

Mercado en Huaraz (Perú)
Mercado en Huaraz

Si bien antes de venir al Perú ya sabía que tenía destinos muy variados en cuanto a climas y paisajes, reconozco que nunca antes había oído hablar de Huaraz hasta que pisé Sudamérica. Y fue en Cuenca, la de Ecuador, una bonita ciudad de la que os contaré algo en otro momento. Resulta que el patio de un animadísimo hostal cuencano (no conquense!) era el centro de reunión de los fumadores que nos alojábamos allí. Desde el primer momento que coincidimos me llamó la atención un asiático que resultó ser japonés. De gesto sonriente y edad imprecisa, con rastas, forro polar, bermudas de cuadros y chanclas playeras, supongo que era la clase de personaje que no pasa desapercibido fácilmente, pero a mí además me dió la impresión de que tenía historias interesantes que contar y que venía curtido por miles de kilómetros aquí, allá y más allá. Siempre iba sólo y apenas se relacionaba con nadie. Casi no hablaba inglés y sólo balbuceaba unas cuantas palabras en español, pero fueron suficientes para que me enterase de que llevaba dos años viajando por el mundo, que ya había recorrido África en bus de sur a norte y que en Sudamérica llevaba cuatro meses, dos de los cuales los había invertido en atravesar la Patagonia en bicicleta.

Altiplano en la Cordillera Blanca (Perú)
Altiplano en la Cordillera Blanca

Cuando le pregunté por su destino favorito del Nuevo Mundo me respondió “Perú”, y cuando le pedí un lugar más concreto de Perú musitó algo que al principio no comprendí, hasta que a la tercera o cuarta vez de repetírmelo conseguí entender claramente dos palabras, no más, pues en realidad fueron las únicas que pronunció:  “Huaraz” y “Cordillera Blanca“. Nunca llegué a saber su nombre, pero me facilitó una información que me pareció que valía oro, sobre todo viniendo de semejante trotamundos. No se por qué, pero cuando pienso en ese momento se me viene a la cabeza una escena del Señor de los Anillos, creo que de la primera película, en la que los siervos de Sauron están atormentando al infeliz Gollum para que confiese el paradero del anillo y ,al igual que mi camarada del extremo oriente, tan sólo pronunció dos palabras: “Bolsom” y “Comarca”.  Jajajaja, espero que ese campeón de los nómadas siga devorando kilómetros donde quiera que esté!!

Puya de Raimondi (Perú)
Puya de Raimondi

Al llegar a Huaraz de madrugada probé suerte en cuatro hostales y hoteles diferentes ya que no disponía de reserva previa. Unos eran catacumbas, otros estercoleros, algunos un poco de ambos. Hasta que, ya amaneciendo, conocí a Marco en la Plaza de Armas y me llevó al sitio perfecto, el de las tres “B”: Bueno, bonito y barato . Marco es uno de los muchos agentes-guías de Huaraz, aunque yo lo definiría más bien como un conseguidor fiable y eficaz. Con él contraté las excursiones a realizar por un precio más propio de peruanos que de “gringos” (sí, suele haber un doble baremo) y así pasé en Huaraz cuatro días, mi récord de permanencia hasta esos momentos en cualquier destino iberoamericano.

Glaciar Pastoruri (Perú)
Glaciar Pastoruri

Decidí no hacer el gran sendero Santa Cruz, de cuatro días de duración, el más famoso y demandado por los turistas, ya que no tenía el equipo adecuado. Viajando con sólo una mochila de 30 litros, me imaginé muerto de frío y calado hasta los huesos montando una tienda de campaña antes de la puesta de sol, y al levantarme muy temprano ponerme la misma ropa empapada del día anterior. Aunque Marco me había ofrecido prestarme parte del material y yo pensaba inspeccionarlo al detalle, finalmente desistí. Y creo que hice lo correcto pues cuando aparece la lluvia o la nieve a más de 4.000 m.s.n.m  la cosa puede ponerse seria y a la montaña hay que respetarla siempre. Much@s peruan@s, y otros que no lo son, parecen no entenderlo así y se lanzan a las excursiones como alegres domingueros de nevera y fiambrera. Para mí la alta montaña es un ejercicio de sufrimiento, superación y culminación en el que no te guardas nada.

Glaciar Pastoruri (Perú)
Masa de hielo del Glaciar Pastoruri

La ciudad de Huaraz tiene uno de los mercados callejeros más alegres y variopintos que he conocido hasta ahora en Sudamérica. Andurreando por allí me quedó claro que era temporada baja ya que apenas me crucé con extranjeros. Puedes encontrar comida de todo tipo, pero sobre todo ropa de montaña que imita las mejores “chompas” y “casacas” de marcas norteamericanas. Como necesitaba una segunda capa estuve toda una mañana saltando de puesto en puesto, regateando y hablando con l@s vendedores hasta que al final dí con algo que me dejó satisfecho. Creo que algun@ de los vendedores acabaron hasta el gorro de mí!!

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Camino de la Laguna 69

Aunque no pudimos visitar el yacimiento arqueológico de Chavín de Huántar por desprendimientos en la carretera, en Huaraz disfrutamos de un par de salidas antológicas, especialmente la segunda: el Glaciar Pastoruri y la subida a la Laguna 69 (llamada así por el código que enumera las lagunas del Parque Nacional, aunque el resto sí que tienen nombre propio). En las dos excursiones recorrimos paisajes desolados de los Andes que parecían más propios de la tundra ártica, sin vegetación arbórea pero tapizados de musgo y plantas muy similares al esparto. El verde pálido que todo lo dominaba y la presencia ocasional de cascadas y riachuelos me recordaron por momentos a las tierras altas de Escocia.

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La quebrada de Llanganuco, en forma de “V”, se aprecia perfectamente tras la Laguna Chinancocha

La visita al Glaciar Pastoruri es muy turística, me pareció más una romería, y el clima no acompañó demasiado ya que nos cayó un tremendo nevazo a 5.000 m.s.n.m. En cualquier caso la oportunidad de visitar un monstruo de la naturaleza como éste no se presenta a menudo. Quizás porque el día anterior había sido nochevieja y me había acostado muy tarde, esa mañana no me encontraba especialmente fino, sobre todo cuando a primera hora visitamos las puyas de Raimondi,  unas singulares plantas que crecen en el altiplano y que deben su nombre a un polígrafo italiano que desarrolló su labor en el Perú durante el siglo XIX . En la siguiente parada del día, el Glaciar Pastoruri, gracias a Lisbeth descubrí que las hojas de coca son la diferencia entre sentirte un títere tambaleante o una criatura de las alturas liviana y enérgica. Esta jovencita, mi compañera de excursión, aguantaba el nevazo con sus vaqueros, sus zapatos altos y su cabeza descubierta como si nada. Su historia, y la de su madrina holandesa enamorada del Perú y que habla quechua, darían para una película. Si mal no recuerdo Lisbeth fue la segunda peruana que me invitó a conocer su casa, en Chiclayo.  Ese día también viví muy de cerca los terribles efectos que produce el soroche o mal de altura. La víctima fue una desdichada coreana que iba sentada a mi lado en el microbús y que tuvo la desafortunada idea de pasar del nivel del mar, de Lima, a 5.000 m.s.n.m en un sólo día. Creédme que no era agradable ver como sufría espasmos y vómitos mientras una familia peruana le proporcinaba mate de coca y yo la cubría con mi poncho. Al llegar al glaciar se bajó del microbús y apenas fue capaz de dar unos pasos antes de volver a subir al interior. Una vez más, precaución y prudencia máxima ante la montaña.

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Cascadas, arroyos y la cima del Huascarán cubierta por las nubes

La subida a la Laguna 69 (4.400 m.s.n.m) es una exigente ruta de 3 horas (5,30h total) en la que recorres 15 km salvando un desnivel de muchos cientos de metros entre cataratas, lagunas, valles de borreguiles, inabarcables paredes y glaciares, todo bajo la sombra imponente del Huascarán. Por lo visto mucha gente montañera opina que es de las rutas de senderismo más bonitas del mundo y que no tiene nada que envidiar a cualquiera de las del Himalaya o los Alpes. Al inicio de la ruta llegas ya completamente rendido al medio natural tras haber pasado previamente por la quebrada de Llanganuco y las lagunas Chinancocha y Orconcocha.

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El último prado encharcado antes de la ascensión final a la Laguna 69

Lo más impresionante es sentir la altura, apreciar como arrancan las paredes graníticas desde el fondo de los barrancos y se elevan miles de metros, y la sensación irreal al llegar exhausto a la laguna y divisar, como un espejismo, las aguas turquesas con la catarata bajo el glaciar. Adam y un chavea coreano que paraba en mi hostal (jamás conseguí retener su nombre) fueron los compañeros en esa jornada tan especial. El día anterior ya habíamos coincidido en el glaciar y con el neozelandés volví a compartir buenos momentos en Bolivia, quizás porqué éramos de la misma edad y teníamos gustos similares en algunas cosas. A la vuelta, empapados por la lluvia y con el barro hasta los tobillos, un guía peruano y yo ejercimos de improvisados zapadores y construímos un puentecillo de piedras y ramas para que el grueso del grupo pudiese vadear uno de los muchos y caudalosos arroyos que encuentras durante el trayecto.

Laguna 69 (Perú)
Ésta es la primera imagen que se obtiene de la Laguna 69

En Huaraz también gozamos de una cena de nochevieja cosmopolita por cortesía de mi amigo francés Marc, ex montañero, y Carol, su esposa peruana, quienes regentan el hostal “La Cabaña”: británicos, coreanos, rumanos…todos viajeros, todos buena gente.

Laguna 69 (Perú)
Laguna 69
Nochevieja en Huaraz
Nochevieja en Huaraz

Cuando me sigo sorprendiendo de cómo muchos de los viajeros que encontré en el Perú no conocían Huaraz ni la Cordillera Blanca, pienso al instante que en cualquier momento se les puede aparecer su particular oráculo dispuesto a ofrecerles una escueta respuesta que les conducirá a sitios maravillosamente inimaginables. A mí se me presentó en forma de japonés trotamundos: DOMO ARIGATO GOZAIMASU!!

Camino a Chan Chan desde la Panamericana.

Huanchaco (Perú)

Como no tenía muchas ganas de grandes ciudades decidí pasar de Trujillo y dirigirme a la cercana Huanchaco antes de fin de año, por lo que me dejé caer por la costa con la triple intención de visitar el yacimiento arqueológico de Chan Chan, comer buen ceviche y pegarme un baño en el Océano Pacífico, ya que el verano empezaba por estas fechas. Sólo lo último me quedó por hacer debido a las rocas que poblaban la orilla. Y es que el agua, además de estar bien fresquita, estaba turbia, lo que hacía imposible localizar los peñascos.

Caballitos de totora
Caballitos de totora (http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Peru_Huanchaco_Typical_Fisherman_reed_boats.jpg)

En cuanto al “buen yantar”, os puedo asegurar que en el interior del pueblo, en la zona antigua de los pescadores, se come divinamente. En una terraza de esa zona probé una noche el mejor ceviche imaginable. Era mixto, y venía presidido por un cangrejo gigantesco al que casi daba miedo hincarle el diente! Pagué, si mal no recuerdo, unos 20 nuevos soles (1$=3NS) y no fuí capaz de terminarlo. El ceviche es pescado, y marisco en el caso del mixto, marinado en zumo de limón y acompañado de ají y alguna fruta. Bien preparado es una delicia.

La playa de Huanchaco
La playa de Huanchaco

Huanchaco es una población turística costera ideal para surferos y pipiolos peruanos, aunque también se ven unos cuantos “gringos” (algunos por la noche con unas cuantas copas de más!). Para mí lo más singular que se puede observar aquí son los “caballitos de totora“, barcas tradicionales hechas de esta planta que usaban, y usan, los pescadores para faenar. Aún es posible observarlos clavados en la orilla de la playa e incluso navegando. Y ésta es precisamente la imagen que a día de hoy conservo de Huanchaco; un bote de totora acercándose a la orilla por la mañana temprano con la playa prácticamente desierta.

Perro sin pelo típico de la costa peruana
Perro sin pelo típico de la costa peruana

En cuanto a Chan Chan, tienes que comprar forzosamente un boleto, válido por dos días, que comprende la visita al palacio de Tschudi y a dos huacas, Dragón y Esmeralda, que se encuentran alejadas del yacimiento en distintos puntos de Trujillo. Sólo visité Chan Chan ya que estuve poco más de un día por allí y además la huaca Esmeralda se encontraba cerrada por ser lunes. Una combi me dejó en la carretera Panamericana y desde allí bajé paseando por una avenida de tierra hasta acceder a la zona visitable. Lo sorprendente es la inmensidad del yacimiento pues a ambos lados de la avenida, y aún muy alejadas de la misma, se seguían observando estructuras semiderruidas de adobe construídas por los chimúes.

Corredor en Chan Chan
Corredor en Chan Chan

El culpable de este deterioro es el fenómeno del “niño”, cuyas fuertes lluvias son el enemigo número 1 de estas construcciones de barro. Sin duda que fue una gran ciudad de categoría, formada a su vez por nueve ciudadelas. Decidí no contratar un guía, un poco harto ya de los continuos abusos a los que someten al turista y de lo poco que éstos me habían aportado hasta ahora. Aunque ello me hizo quedarme con ganas de mucha información, la visita mereció la pena ya que casi no había visitantes y el paseo por ese inmenso universo ocre de corredores y plazas cobraba cierto aire fantasmal bajo el sol de la mañana.

Plaza ceremonial en Chan Chan
Plaza ceremonial en Chan Chan

Antes comenté que no pude visitar la huaca Esmeralda y me gustaría señalar una anécdota al respecto. Cuando me dirigía en una “combi” a este monumento desde Huanchaco, una señora peruana que venía conmigo me insistió varias veces, y me pidió por favor, que no me adentrase en el barrio en el cual estaba la huaca y que saliese de allí lo antes posible. Ante esa insistencia, uno se pone, por lo menos, alerta. El barrio me pareció popular, como otros que he conocido e incluso como en el que me crié (sí sosio, Pescata y punto!!) y el único detalle inquietante eran las rejas que había en las pequeñas tiendas, delante de los mostradores.

Decoración mural en Chan Chan
Decoración mural en Chan Chan

En cualquier caso si tienes pinta de “gringo” y llevas una mochila naranja a la espalda no sueles pasar desapercibido en ningún escenario, y es cierto que sentí miradas como espadas, por lo que tras comprobar que la huaca estaba cerrada me dirigí rápido a la carretera donde cogí un taxi que me llevó a una terminal de buses de Trujillo, a la búsqueda de mi siguiente destino.

Cajamarca (Perú)

Calle del centro histórico de Cajamarca
Calle del centro histórico de Cajamarca

Cajamarca era mi segunda parada obligada del Perú. Llegué, desde Chachapoyas, una mañana muy temprano con la garganta tocada del viaje: una odisea nocturna de 10 horas en combi, transbordo incluído en Leimebamba, por una carretera plagada de curvas cerradas que tendría no más de 5 metros de anchura. Si mides más de 1,80m es frecuente que tengas problemas en algunos transportes públicos, así que al sacar el billete pedí ir en el asiento del copiloto para tener las piernas un poco más estiradas. Fue un error monumental que me costó un mal trago, malísimo.

Navidad en la Plaza de Armas
Navidad en la Plaza de Armas

Supongo que como a muchos conductores, me sucede que cuando debo montarme en un vehículo conducido por un desconocido trato de hacerme una idea previa de su carácter (si es que puedo), lo que me podría dar pistas acerca de su comportamiento al volante. También suele ocurrir a la inversa, es decir, que observando (o sufriendo) como conduce alguien te sueles llevar una imagen aproximada de su carácter. Persona nerviosa equivale a conductor que suele ir rápido; gesto amable o andares pausados significa que la persona es tranquila y que por lo tanto conduce de modo relajado. Esto lógicamente no es ninguna teoría cierta, como bien me demostró el kamikaze que guiaba la combi a los quince minutos de haber iniciado la marcha. Su semblante bondadoso y la manera en que se acomodó en el asiento al montarse en el vehículo no hacían presagiar lo que vendría después. Sin duda que la carretera la conocía como el pasillo de su casa y sería por eso que iba como alma que lleva el diablo, acelerando siempre al negociar cualquier curva y dando un brusco volantazo justo en el momento en que parecía que nos ibamos barranco abajo. Le insistí en que no debía correr, traté de darle conversación varias veces, le ofrecí comida, y ni por esas.

Patio del antiguo hospital de varones en el complejo de Belén
Patio del antiguo hospital de varones en el complejo de Belén

Al fin, tras cuatro horas de suplicio ininterrumpido y de jugarnos el pellejo seriamente, su compañero, bastante más prudente que él, lo relevó al volante y sólo así conseguí dormir algo. Cuestiones como la educación vial, sobre todo cuando se es responsable de muchas vidas, no siempre están bien asumidas por aquí. Ya camino de Chachapoyas casi tuvimos una colisión con otro bus en una curva infernal.

Cajamarca fue la primera capital española en Sudamérica durante unos meses, cuando Francisco Pizarro y los suyos capturaron al Inca Atahualpa en 1532 y lo asesinaron nueve meses después tras pedir un fabuloso rescate. Estos hechos siguen presentes por aquí y siendo ibérico siempre puede aparecer alguien dispuesto a recordártelo, como por ejemplo alguien en forma de guía con pretensiones de docto erudito pero que en realidad a mí se me asemejó más a un charlatán de los que salían en las películas del oeste tratando de vender brebajes infalibles a los pobres apaches.

Vista nocturna del convento de San Francisco
Vista nocturna del convento de San Francisco
cuartodelrescate-cajamarca
El Cuarto del Rescate

La anécdota (pues para mí no fue más que eso), fue que al enterarse de que yo era español se dirigió en quechua a dos chicos peruanos refiriéndose a mí y provocando la risa de éstos. Como no entendí la broma no me pude reir yo también, que era justamente lo que él perseguía. El tipo se sentía orgulloso de su pasado inca, lo cual me parece genial, y renegaba abiertamente de cualquier signo de la herencia hispánica del Perú en base a todas las atrocidades que cometieron los españoles, lo cual también me parece absolutamente respetable. Al hacer estas declaraciones siempre se dirigía a mí de manera vehemente y con mirada torva. Según él “todo peruano tenía la suprema obligación de hablar quechua”, pero él se expresaba en un español perfecto y sobre todo su nombre, Manuel, no me pareció muy quechua y así se lo hice saber. En fin, respeto ante todo y para tod@s, y sana capacidad de empatizar con el otr@, dos de los grandes e impagables beneficios de viajar!

Bosque de piedras de Cumbemayo
Bosque de piedras de Cumbemayo
cajamarca
Museo en el convento de San Francisco

Cajamarca se asienta en un apacible valle y representa claramente el arquetipo de ciudad colonial, con un centro histórico que supone un auténtico alegato al arte barroco más puro del siglo XVII. Las calles y plazas aledañas a la Plaza de Armas me resultaron  tan familiares que a veces creí estar en Granada, Toledo, Cáceres o Salamanca. Grandes casonas de cuatro crujías articuladas en torno a patios centrales con pórticos y galerías superiores, pavimentos peatonales y adoquinados, la inacabada catedral, iglesias y conventos como San Francisco o el conjunto monumental de Belén, etc. Sin embargo, y he aquí lo fascinante de Sudamérica, este ambiente tan familiar convive con la esencia propia y natural de lo indígena; en lo étnico, en los alimentos, en los olores, en las vestimentas, aunque lamentablemente no tanto en lo arquitectónico, ya que el único edificio precolombino conservado es el Cuarto del Rescate, por otra parte una muestra sencilla aunque virtuosa de la mejor arquitectura incaica. La idiosincrasia dual de estas tierras, europea e indígena, se atisba claramente en esta ciudad y si bien no es tan manifiesta como en Arequipa o en el Cusco, sin duda la hacen merecedora de una visita de un par de días al menos (tres le dediqué yo).

Acueducto preincaico en Cumbemayo
Acueducto preincaico en Cumbemayo

La bonita y limpia Cajamarca está habitada por gente cercana y amable como el Señor Wilmer, un tendero apasionado de la arqueología de su tierra cuyos conocimientos e ilusión por el tema dejarían en evidencia al guía más “erudito”. Los alrededores merecen alguna excursión para visitar los petroglifos e ingenios hidráulicos del complejo arqueológico de Cumbemayo, pertenecientes a la antigua cultura cajamarquina, sitos en el altiplano a casi 4.000m. También, muy cerca de los vestigios arqueológicos, visitamos la pintoresca formación geológica del bosque de piedras de Cumbemayo.

Petroglifos en el complejo arqueológico de Cumbemayo
Petroglifos en el complejo arqueológico de Cumbemayo
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El Sr. Wilmer un sábado por la noche en su tienda

Para los amantes del rock & roll, deciros que los sábados por la noche es posible encontrar bandas haciendo versiones de Blondie, Guns n´Roses o Green Day.

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Acceso a la ciudadela de Kuélap (Perú)

Chachapoyas (Perú)

Siempre quise venir al Perú pues me parecía, junto a Siria, el destino más fascinante de todos por su rico patrimonio natural y cultural. Lamentablemente el país árabe, una referencia en la Historia de la Humanidad, lleva unos años padeciendo una terrible guerra (si es que hay alguna que no lo sea), por lo que su visita no es muy aconsejable de momento. Además mi actual presencia en el Ecuador y mi situación, en espera de conseguir trabajo y ansioso por explorarlo todo, hacían propicia mi aventura peruana. Casi era una cuestión de “ahora o nunca”.

Buscando la cuenca del Marañón desde Chiclayo
Buscando la cuenca del río Marañón desde Chiclayo

Sin embargo los senderos a seguir no siempre son los que el viajero desearía, tal como pude comprobar al entrar al país desde Ecuador, de madrugada y cruzando a pie un puente entre aullidos de perros famélicos y casetas prefabricadas habitadas por agentes peruanos con pinta de sicarios corleoneses que te hacen perder más de una hora en los trámites de rigor. Cruzamos por el paso de Macará y veníamos desde Loja, la mayor ciudad del sur del Ecuador. Por la mañana la cosa no mejoró cuando te descubres recorriendo un desierto llano azotado por el sol y el viento, donde la arena es ley y las plantas vuelan tratando de huir de semejante alacranera. Todo esto se materializa en Piura, sitio para enlazar con otro bus y tratar de no regresar jamás. Allí también te enteras que hay que estar siempre alerta ante todo y con todos, especialmente a la hora de cambiar dinero. Mi consejo respecto a esto es no confiar en los cambistas callejeros por más que lleven acreditación oficial y el chaleco verde que les identifica como tales. Si hay que cambiar divisas mejor acudir a una casa de cambio. Desde allí, cansado y hambriento, tardé tres horas en llegar a Chiclayo, mi siguiente destino, el cual me pareció mucho más amable que Piura a pesar de que allí perdí todo un día en comprar y activar una tarjeta sim para el móvil y conseguir un billete para Chachapoyas, ya que por aquí no existen las estaciones de buses, sino que cada compañía tiene su propia terminal y en esas fechas, en plena efervescencia navideña, no aceptaban reservas telefónicas ni online. En fin, que me fui de allí sin haberme comido el pavo con el colega que pensaba visitar, el Señor de Sipán.

Arrozales cerca de Bagua (Perú)
Arrozales cerca de Bagua

Al día siguiente el destino empezó a resarcirme de la mala impresión de mi primer día peruano y en un fantástico viaje de 10 horas llegamos a Chachapoyas tras pasar de la cercanía de la costa, del desierto más inhóspito, a los arrozales verdísimos de la cuenca alta del río Marañón, uno de los principales afluentes del gran río Amazonas . A pesar de las 10 horas solo dormí un par de ellas, tan embobado iba viendo los cerros que me recordaban a los áridos paisajes de Almería, o a los lugareños plantando arroz en escenas que parecían más propias del sureste asiático. Al llegar a Bagua el autobús paró un rato y un calor sofocante se apoderó de todo, mientras al poco rato de iniciar la marcha se hizo de noche, aunque antes tuve tiempo de admirar las profundas gargantas que forma el río Utcubamba. Rosita y sus dos hijos también contribuyeron a que el tramo final del viaje se me hiciese más llevadero. Iban a pasar las navidades con su familia a Rodríguez de Mendoza después de tres años sin verse y entablamos conversación cuando Jennifer, su hija, me ofreció probar una de las limas que yo previamente le había comprado a ella a una vendedora de fruta a través de la ventanilla del bus. Ellos residían en Lima y Rosita, en unas circunstancias díficiles, había sido capaz de sacarlos adelante y procurarles una educación regentando un puesto de dulces en la calle. Bravo, bravísimo por esa luchadora!! Esa también fue la primera vez que un peruan@ me invitó a conocer su casa, y aunque no tuve ocasión para ello, aún conservo el teléfono de Jennifer por lo que no lo descarto en un futuro.

Casa restaurada en Kuélap (Perú)
Casa restaurada en Kuélap

Y al fin Chachapoyas, mi primer gran destino en mi periplo peruano. Tranquila y acogedora ciudad provinciana, capital del Departamento de Amazonas, donde pasé la nochebuena, donde a la gente cuesta entenderla (al menos a mí) y que posee los alrededores más inexplorados y sorprendentemente bellos de todo el país. Fuí allí por conocer algo de la antigua Cultura Chachapoyas, sobre todo la ciudadela de Kuélap, una de las grandes desconocidas del patrimonio arqueológico americano, y de rebote y sin haberlo planeado me llevé la visita a una de las cataratas de mayor longitud del mundo, Gocta.

El primero de los sitios se encuentra a 3.000m. de altura en la cresta de la sierra y a él se llega por caminos barranqueros salvando desniveles de más de 1.200m. durante unas 2 horas de combi (furgoneta) ; definitivamente no es viaje para los que sufran de vértigo. La ciudadela de Kuélap es sencillamente espectacular y no pude evitar acordarme de las alcazabas islámicas o de los oppida ibéricos del sureste de la Península Ibérica. Cuenta con imponente muralla, estrechísimos accesos, casas, silos, enterramientos y un singular edificio troncocónico invertido interpretado como un posible templo, estando todos estos elementos construídos en piedra magníficamente labrada. Se cree que empezó a erigirse hace unos 1.000 años aproximadamente.

Muralla de la ciuadela de Kuélap
Muralla de la ciudadela de Kuélap
Templo de Kuélap (Perú)
Edificio interpretado como templo de Kuélap
Muralla interior de Kuélap
Muralla interior de Kuélap
Restos de una casa de Kuélap
Restos de una casa de Kuélap con decoración en formas geométricas, característica de la cultura Chachapoyas
Ésta enigmática talla antropomorfa es la única que se aprecia sobre las piedras del templo de Kuélap
Ésta enigmática talla antropomorfa es la única que se aprecia en las piedras del templo de Kuélap
preparando un jugo de caña. Chachapoyas
Ansiosos por ese jugo de caña a la vuelta de Gocta

Mientras en Gocta te puedes bañar en la laguna, y recorres un sendero tan bonito como duro por un bosque tropical durante un total de algo más de 4 horas. En realidad la catarata se compone de dos saltos, de menor longitud el superior, el cual descansa sobre un saliente o cornisa que forma el precipicio, de donde a su vez arranca el segundo salto. La longitud total de los dos suma 771m. Curiosamente en uno de los sitios menos turísticos del Perú fue donde conocí al mayor número de españoles de mi viaje, concretamente a dos parejas: unos residentes en Lima y otros dando la vuelta al mundo. A la vuelta de la ruta y antes de llegar al restaurante donde almorzábamos nos tomamos un jugo de caña bien dulce que aún me sabe a gloria!

Sendero hacia la catarata de Gocta
Sendero hacia la catarata de Gocta
Catarata de Gocta (Perú)
Catarata de Gocta
Catarata de Gocta (Perú)
Otra vista de la catarata

Tanto Kuélap como la catarata de Gocta son prácticamente vírgenes, como toda la zona, y se mantendrán así mientras no se construya el aeropuerto de Chacha ni el teleférico a Kuélap. Valga como prueba este dato respecto a la caída de agua: fue en 2006 (hace 4 días!) cuando se midió y se documentó por vez primera, lo que da una idea de lo inaccesible y remoto del lugar. Cualquiera de estos dos destinos justifica sobradamente la visita a Chachapoyas. Yo pasé dos noches pero me quedé con ganas de más, sobre todo de haber conocido los sarcófagos de Carajía, fardos mortuorios encaramados en covachas al borde de un precipicio y cuyas caras son similares a los moáis de la isla de Pascua. Pero bueno, habrá que dejar algo para la próxima vez. Salud!